son super espaciosos pero la diferencia de precio es grande!).
Toledo es imponente, es bello por su arquitectura y por su entorno natural. El pueblo en su totalidad está ubicado en la cima de un cerro y por su origen medieval, está totalmente amurallado. En realidad, la muralla fue construida en diferentes etapas de la historia por lo cual hay en ella una mezcla de estilos arquitectónicos que van del clásico medieval a las influencias de estilos propios de los moros que invadieron la región. Un dato interesante y que habla de la diversidad de este lugar: en Toledo se encuentra una imporante tradición de la cultura zefaradí por lo cual conviven en el pueblo las tres grades culturas de occidente: cristianos, musulmanes y judíos. Esta diversidad se palpa en las calles, en los mercados, en la gente y obviamente, en los momentos históricos. Toledo un un lugar para recorrer despacito, tranquilo… porque en pocas cuadras muestra ejemplos de diversidad cultural como pocos otros lugares en España. No es raro encontrar que en una misma manzana hay una antiquísima iglesia católica, un miranete de una pequeña mezquita llamasndo a la oración y niños jugando en la puerta de una sinagoga. Son apenas 70 kilómetros que separan a Toledo de Madrid pero el viaje hasta este pequeño pueblo es un viaje hacia la historia misma de España.
El micro con el que viajé desde Madrid me dejó en las afueras de la ciudad, en la parte baja y desde ahí se puede tomar un autobus directo al centro o caminar e ir subiendo por los diferentes tramos de muralla. Definitivamente la mejor opción es caminar para comenzar a descubrir las toneladas de historia que guarda este lugar. Y para los más cómodos hay un ascensor que va desde la ruta en la parte inferior del cerro hasta el centro en la parte superior. Cerquita de la ciudad, el río Tajo y los molinos completan el paisaje.
Empecé a caminar y como no podía ser de otra forma, empecé a sacar fotos. Toledo es una ciudad muy fotogénica. Tanta historia y tantos estilos que se mezclan generan imágenes magníficas a cada paso. Las callecitas de Toledo suben y bajan y cada tanto aparecen enormes portales que habilitan (o no) los accesos a sectores cada vez más importantes de la antigua ciudadela. Orientarse en Toledo es realmente complejo porque las calles se cortan cada pocos metros, hay que retroceder, subir, bajar, cruzar pórticos, escaleras, enormes plazas… orientarse aquí es un verdadero mérito. Pero tiene su lado positivo: recorriendo las callecitas sin prisa se puede descubrir uno de los mayores patrimonios monumentales de Europa. Sinagogas, mezquitas, palacios, conventos… La lista de lugares para conocer es larga y abarca decenas y decenas de monumentos con más de 2000 años de historia a cuestas. Como en todo pueblo medieval español, el edificio más importante es la Catedral, que tiene uno de los interiores más bellos de todas las que he visitado en este viaje por Europa. El altar de la catedral, de madera y oro, data del 1227 y en las paredes de cada una de las enormes galerías laterales hay verdaderas obras de arte, cuadros de Velazquez, Caravagio y Goya. Un verdadero lujo, un placer que se suma al placer de recorrer Toledo y su historia. Tanto arte, tantas imágenes imborrables… difícil de superar.
A pesar del frío, estuve recorriendo cada callecita y cada rincón de la ciudad. Había poca gente en la calle y el cielo gris que amagaba con aguarme la caminata le daba un marco más medieval a la visita a este burgo. Perderse por aquí es un placer porque se llega a lugares solitarios que transportan a épocas medievales. Caminaba fascinado.
En el sur de la ciudad está la vieja iglesia de Santo Tomé donde se puede ver el cuadro más famoso del Greco, » El entierro del Conde de Orgaz», una pintura enorme que representa el milagro que en 1323 ocurrió en aquella iglesia cuando se iba a enterrar a Gonzalo Ruiz de Toledo, señor de Orgaz: en ese momento bajan del cielo San Agustín y San Esteban y lo entierran ellos mismos con sus propias manos. Es una obra de arte de esas que te llevan tiempo procesar, de esas que te dejan pasmado delante y por varios minutos… y se disfruta, mucho. El deleite puede seguir en el Museo del Greco, donde hay varios cuadros más de este prolífico pintor español. Otro lugar magnífico para visitar es el Museo Sefardí, para conocer la historia del pueblo judío en estas tierras. Funciona en lo que alguna vez fue una sinagoga, luego una iglesia católica (cuando los judíos fueron expulsados de España) y luego se convirtió en museo. En este museo hay una amplia colección arqueológico y etnográfico, muchos manuscritos y objetos para el ritual de celebraciones judaicas.
Seguí mi caminata aprovechando que finalmente la tarde se despejó y el sol asomó entre los nubarrones. Me fui caminando por la judería hasta el Tajo y desde algunos antiquísimos puentes de piedra que sobrevuelan el río las panorámicas de la ciudad son maravillosas. El Puente San Martín, puente principal que lleva a Toledo cruzando el Tajo, fue construido a principios del S. XIV, dándole su nombre una parroquia que se encuentra en sus cercanías. Este puente cuenta con uno de los arcos más grandes construidos en piedra, con 30 de altura, todo un reto para la época. En el camino y en el propio puente se recuerdan pasajes del Quijote, el gran personaje de Cervantes que luchaba en estas tierras contra los molinos invencibles de viento. Caminar por aquí es como caminar por la historia. Me quedé un buen rato leyendo los fragmentos del Quijote que hay tallados en piedra al costado del camino y así terminó mi recorrido por este bonito paraje. Alrededor de las seis de la tarde, ya anocheciendo, me volví a Madrid.




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